Del Feng Shui a la armonización de espacios.

De lo místico a lo pragmático.

¿Por qué una cafetería siempre esté llena de gente y en la otra de la misma calle hay, como mucho, dos personas? A parte de la calidad del café y la simpatía del servicio, podemos responder a preguntas como ésta con la ayuda del Feng Shui.

Toda persona nota, de forma sutil, que se siente mejor en unos sitios que en otros.

A menudo un simple aroma, una iluminación adecuada, o un color concreto en una pared, nos hacen escoger un establecimiento, y no el de la siguiente calle.

El Feng Shui nos habla de cómo mejorar nuestro hogar o entorno de trabajo, para que las personas que lo habitan se encuentren a gusto y consigan sus objetivos.

El Feng Shui es una disciplina china de más de tres mil años que se utilizaba para ubicar, orientar, distribuir i decorar los palacios de los antiguos emperadores y las casas de la alta nobleza. Una sabiduría reservada a las clases altas, que con el tiempo se fue divulgando entre el resto de la población.

El Feng Shui es un arte en auge, que propone una percepción diferente del chi. Es decir, de la energía contenida en el medio físico que nos rodea.

Aplicando sus ideas en el mundo occidental, nos damos cuenta de que el mensaje genérico y sencillo de este arte, va más allá de unas fronteras o de unas creencias concretas: su finalidad es encontrar el equilibrio entre el interior de una persona y el entorno que la rodea.

Muchas de las cosas que nos cuentan los libros de Feng Shui nos pueden sonar un poco extrañas, ya no sólo por lo que nos recomiendan, sino por cómo nos lo exponen. De entrada el nombre Feng Shui en chino significa viento y agua (que es lo básico para la vida). De igual modo vamos descubriendo cómo se utilizan los elementos de la naturaleza a modo de metáforas para exponer los contenidos de esta disciplina; por ejemplo, en Feng Shui llamamos montaña también a un edificio alto que se encuentra al lado de nuestra casa, o también a un conjunto de árboles grandes detrás de una casa unifamiliar.

Los seres humanos pasamos la mayor parte de nuestra existencia en el hogar o lugar de trabajo. Es por esta razón que se busca armonizar los espacios, de tal forma que ayuden a las personas a sentirse mejor, cubriendo sus necesidades, y a progresar hacia sus objetivos.

Por eso es muy importante que estos espacios gocen de paz, armonía y equilibrio. El Feng Shui intuitivo (o de la forma) nos pueda ayudar a organizar nuestro entorno más próximo, distribuir coherentemente el mobiliario y hacer un uso inteligente de la decoración en los ambientes en los que vivimos o trabajamos. Pera ejemplificar lo que acabamos de decir, en el entorno más profesional, se aconseja colgar una gran foto de todos los trabajadores de la empresa sonrientes, con la intención de formar y consolidar el equipo de trabajo.

Hemos de concebir y entender los espacios como elementos vivos que se expresan y designan lo que somos y aquello que queremos llegar a ser, nuestros miedos y deseos, y las limitaciones que nos conforman.

Para ubicart el hogar es un nido, un templo, es donde, después de largas jornadas laborales, encontramos momentos de paz, reencuentro, comodidad, protección, creación… Momentos que nos proporcionan intimidad y estímulo, confianza y seguridad. Para nosotros el hogar es la propia existencia, como diría el caracol: “…mi casa soy yo”.

Trabajar con la gente y para la gente, es una aventura gratificante donde el esfuerzo es también compartido con el cliente, ya que éste ha de abrirse a nuevas maneras de percibir las cosas. Los espacios experimentaran un fuerte contenido afectivo y emocional que irá aumentando a medida que la casa sea realmente vivida, sobre todo con aquellos elementos que la decoramos: fotos, recuerdos de viajes, regalos…

El intercambio activo con el espacio nos puede ayudar a agudizar y estimular los sentidos; de la misma manera que la observación creativa nos puede producir un cambio en la experiencia.

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